La verdadera historia de los últimos de Filipinas

By 9 enero, 2017Columna Izquierda

En 1898, 57 soldados españoles hambrientos, débiles y enfermos, defendieron el último territorio de España en las Filipinas: una pequeña iglesia en Baler, donde resistieron durante 337 días, esperando la llegada de unos refuerzos, que nunca llegaron.

En 1896, estalló la rebelión de las lejanas Filipinas denominada con el Grito de Balintawak. Ante esta situación, el Gobierno, animado por la prensa y el respaldo del Congreso envío a sus tropas.

En un pequeño pueblo, denominado Baler, había 57 militares, que ante el hundimiento de la flota española en Cavite y Manila quedaron abandonaos y tuvieron que refugiarse en el único edificio de piedra que existía, la iglesia parroquial. Tres días más tarde comenzaron los tiroteos.

Los 57 militares los comprendían el capitán De las Morenas (Eduard Fernández en la película 1898: Los últimos de Filipinas), los tenientes Juan Alonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo, el oficial médico Rogelio Vigil de Quiñones (que encarna el actor Carlos Hipólito) y 46 soldados, además del párroco que se les unió en la iglesia.

La mayor parte de la mortandad la causaron las enfermedades, debidas al clima y la mala alimentación. Por esta razón, el párroco, el teniente Alonso Zayas y el capitán De las Morenas no aguantaron ante ella y murieron.

A raíz de la muerte de éste último, el teniente Martín Cerezo (que en la película encarna Luis Tosar) tomó el mando.

Durante el tiempo que estuvieron allí, los militares españoles fueron capaces de dar golpes de mano al enemigo, de cavar un pozo, de enterrar a sus muertos, de confeccionar calzado, de alimentarse…tanto era la necesidad, que a finales de año, el cabo Jesús Olivares Conejero dirigió a unos 14 soldados que tomaron una huerta cercana, con calabaceras y naranjos, lo que les permitió alimentarse bien y evitar alguna enfermedad mortífera.

Durante el casi un año de resistencia, no admitieron nunca la derrota de España. El imperio español en el que “nunca se ponía el sol” estaba prácticamente liquidado. De aquel imperio tan solo quedaban, además de Filipinas, Cuba y Puerto Rico.

Desde 1896, en Filipinas, los militares españoles libraban una lucha a machete y fusil para sofocar una revuelta. Finalmente, la metrópoli firmó un tratado de paz con los líderes de la revuelta que pacificó la zona. En 1899 las autoridades españolas enviaron a dos oficiales para explicarles que la guerra había finalizado, pero no lo creyeron. Por lo que tuvieron que enviar un pilar de ejemplares de periódicos donde aparecía la noticia de que la derrota era real. Por lo que el 2 de junio de 1898 arriaron la bandera y abandonaron la iglesia. Después de unos días de marcha, en que pusieron en riesgo sus vidas, los 33 militares supervivientes llegaron a Manila.

Por esta historia de resistencia y obstinación, fueron reconocidos en la Historia de nuestro país como los últimos de Filipinas, pero ¿cómo continuaron sus vidas?

En 1901 se concedió a Martín Cerezo la Laureada dotada con 1.000 pesetas anuales. Aunque alcanzó el generalato, sus ascensos los tuvo que pelear.

En 1908 el Congreso les concedió a los demás una pensión de 60 pesetas mensuales, que también cobraron los parientes de los fallecidos.

Vigil de Quiñones se retiró en 1923 como comandante médico a los 61 años de edad. Murió en 1934.

Marcelo Adrián, trabajó en el Palacio Real y estaba junto a los reyes cuando se proclamó la II República.

Martín Cerezo recibió la visita de unos milicianos que querían matarle, en lugar de eso, se llevaron a su hijo de 18 y le mataron a él.

Santos González Roncal fue asesinado por un sargento de la Guardia Civil por envidias.

En 1945, cuando se estrenó la primera película sobre esta hazaña, se les ascendió a tenientes honorarios a los ocho militares que quedaban vivos.

Finalmente, confirmaremos que en su primer largometraje, Salvador Calvo ha sido capaz de reunir todos los medios necesarios para dirigir 1898, Los últimos de Filipinas. Una superproducción bélica de proporciones que nada tienen que envidiar a las grandes producciones norteamericanas.

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